
La cintura pélvica está formada por el sacro y el coxis, así como por los huesos innominados (ilion, isquion y pubis). Las articulaciones de la cintura pélvica son la sínfisis del pubis (anterior) y la articulación sacroilíaca está formada por el sacro y las dos partes del ilion (ASI izquierda y derecha). La forma de las superficies óseas de la ASI es irregular.
El cierre de la forma para la estabilidad de la pelvis se debe a las superficies entrelazadas de la articulación sacroilíaca, así como a los ligamentos, músculos y fascia. Las conexiones fasciales permiten que los músculos globales aumenten la estabilidad mediante eslingas. Los músculos estabilizadores locales también deben funcionar adecuadamente para la estabilidad de la articulación sacroilíaca. La articulación sacroilíaca también está sostenida por ligamentos fuertes.
La articulación sacroilíaca debe absorber grandes cantidades de tensión y, al mismo tiempo, proporcionar estabilidad, pero no es una articulación extremadamente móvil. El movimiento asociado con la articulación sacroilíaca incluye nutación y contranutación.
DISFUNCIÓN Y DOLOR
La disfunción puede atribuirse a numerosos factores y puede deberse a hiper o hipomovilidad en la articulación sacroilíaca. El dolor y los síntomas asociados con la disfunción de la articulación sacroilíaca son muy variables. Puede haber dolor en la zona lumbar, las caderas o los glúteos. El dolor también puede extenderse a la zona de la ingle y el muslo. El dolor asociado con la disfunción de la articulación sacroilíaca puede ser unilateral (un lado) o bilateral (ambos lados). El dolor puede aumentar al caminar, estar de pie, sentarse y flexionarse hacia adelante al estar de pie. La disfunción de la articulación sacroilíaca puede explicar algunos casos de dolor lumbar.
Las siguientes son disfunciones comunes de la articulación sacroilíaca:
Al entrenar a un cliente con disfunción de la articulación sacroilíaca, evitar:
Al entrenar a un cliente con disfunción de la articulación sacroilíaca, utilizar:
Existe una gran variación entre lo que puede resultar beneficioso o perjudicial para una persona con disfunción de la articulación sacroilíaca. La comunicación constante y la capacidad de modificar son muy importantes. Comenzar con modificaciones en la colocación del pie, el rango de movimiento y la rotación.
La estabilización pélvica es muy importante en caso de disfunción de la articulación sacroilíaca. Trabajar para lograr una pelvis estable y neutra activando el músculo transverso abdominal, los multífidos, el suelo pélvico y el diafragma (eslinga primaria). Concentrarse en la eslinga posterior para lograr la estabilidad pélvica y la transferencia de carga, así como para forzar el cierre de la pelvis.
Asegurarse de entrenar el dorsal ancho, el glúteo mayor contralateral y la fascia toracolumbar. También es importante incorporar el glúteo mayor para la estabilidad de la cadera. Estirar y trabajar la flexibilidad de los músculos tensos, incluidos los isquiotibiales y los cuádriceps. Tratar también otros desequilibrios musculares, anomalías biomecánicas y disfunción postural.